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Publicada la Ley de Secretos Empresariales

El pasado 21 de febrero de 2019 se publicó en el BOE la Ley de Secretos Empresariales (Ley 1/2019, de 20 de febrero, de Secretos Empresariales). Mediante esta ley se incorpora al Derecho español la Directiva (UE) 2016/943 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 8 de junio de 2016, relativa a la protección de los conocimientos técnicos y la información empresarial no divulgados (secretos comerciales) contra su obtención, utilización y revelación ilícitas.

La nueva regulación define el concepto de secreto empresarial, regula la naturaleza patrimonial del mismo y, sobre todo, crea herramientas de defensa para que la empresa que vea violados sus secretos pueda actuar de manera contundente frente al infractor. La normativa permitirá a las empresas litigar con mayor seguridad jurídica, cuando sean víctimas de un robo -o filtrado- de información hacia sus competidores acerca de sus procedimientos confidenciales.

¿Qué es un secreto empresarial? Según la Ley 1/2019: “cualquier información o conocimiento, incluido el tecnológico, científico, industrial, comercial, organizativo o financiero, que reúna las siguientes condiciones:

a) Ser secreto, en el sentido de que, en su conjunto o en la configuración y reunión precisas de sus componentes, no es generalmente conocido por las personas pertenecientes a los círculos en que normalmente se utilice el tipo de información o conocimiento en cuestión, ni fácilmente accesible para ellas;
b) tener un valor empresarial, ya sea real o potencial, precisamente por ser secreto, y
c) haber sido objeto de medidas razonables por parte de su titular para mantenerlo en secreto”

Esto último es significativo, porque para poder defender adecuadamente sus derechos las empresas se van a ver obligadas a demostrar que cuentan con protocolos de protección tanto técnicos como jurídicos para proteger su información confidencial.

La naturaleza patrimonial de los secretos empresariales que proclama la Ley significa que son susceptibles de transmisión, cesión o licencia de uso, asemejándose a los derechos de propiedad industrial protegidos registralmente como las patentes o las marcas. Ciertamente, los acuerdos de transferencia de tecnología o know how entre empresas ya venían siendo habituales en el tráfico jurídico, pero ahora la Ley establece determinadas reglas aplicables a la cotitularidad, licencia y transmisión que son de obligado cumplimiento, y otras que operarán solo a falta de acuerdo entre las partes.

La defensa del secreto empresarial se articula en la ley por distintas vías. Se definen cuales son las conductas que constituyen la violación de secretos empresariales y las distintas acciones que el titular puede ejercitar para ver reparados sus derechos. Esto es importante porque en función de la actividad infractora detectada se podrá exigir la mera declaración de la violación del secreto, la cesación y prohibición de los actos de violación, la incautación de las mercancías que se hayan fabricado utilizando ese secreto y hasta su posible atribución en propiedad. Y naturalmente la indemnización de daños y perjuicios correspondiente, que se adecuará a la lesión sufrida e incluirá los perjuicios económicos, el lucro cesante, los daños morales e incluso los posibles gastos de investigación incurridos para obtener pruebas de la violación.

Con este nuevo marco las empresas cuentan ya con unas reglas de juego claras tanto para establecer sistemas de protección de sus secretos empresariales, como para explotar y defender el creciente valor patrimonial que supone este activo intangible.

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